martes, 18 de junio de 2013

Buscando la cámara ideal


Si pensamos explotar el potencial fotográfico de nuestros proyectos modelísticos puede que nos estemos preguntando qué cámara es la más adecuada para la práctica del Fotomodelismo. Tanto si disponemos ya de una, y queremos ver hasta dónde podemos llegar con ella, como si estamos en la tesitura de elegir un modelo de entre la amplia gama que nos ofrece el mercado, será imprescindible analizar aquellos factores que resultan más importantes y que debemos tener en cuenta a la hora de adquirir nuestro equipo de trabajo.

Al igual que ocurre con el resto de disciplinas fotográficas, partiremos de la base que la cámara ideal como tal no existe. Si alguien se había hecho ilusiones al respecto siento haber dado al traste con un sueño de forma tan directa. Otra cosa muy diferente es que una determinada cámara por las características y prestaciones que tiene la conviertan en muy adecuada o incluso casi ideal para Fotomodelismo, lo cual nos pone en la pista de que no todo está perdido, de que aún podemos perseguir un sueño. Dada la amplísima oferta de marcas y modelos disponibles, los cuales no paran de salir para volvernos un poco locos, no es de extrañar que nos encontremos con que unas cámaras son mejores que otras. Y ese juicio no sólo depende de lo que cada modelo nos puede ofrecer sino también, en gran medida, de las preferencias e intenciones que posea el fotógrafo.

Por tanto, antes de ponernos a mirar cámaras, especificaciones técnicas y manuales, la primera cuestión a la que debemos dar respuesta es la de cuales son las necesidades que queremos satisfacer. Acotar nuestro radio de acción es fundamental inicialmente, aunque con el tíempo éste pueda crecer y desarrollarse, ya que nos dará las claves para buscar lo que realmente necesitamos. Y ello no implica quedarnos justitos en cuanto a posibilidades técnicas y creativas, pero sí habrá que ser precavidos para no pasarnos de largo y sobredimensionar nuestros propósitos. Es posible que si partimos de cero al principio no sea tan fácil vislumbrar ese horizonte pero irremediablemente será un ejercicio que deberemos hacer para fijarnos hasta dónde queremos llegar. Y la clave para ello es preguntarnos que para qué quiero las fotos que voy a realizar, qué uso les voy a dar, qué voy a hacer con ellas.

Solventar esta cuestión implica ponernos límites y eso puede que no sea de todo nuestro agrado pero debemos ser conscientes de qué es lo que realmente queremos hacer. Si lo logramos y acertamos, es muy probable que con ello nos ahorremos en el futuro algún que otro quebradero de cabeza, además de tiempo y dinero. La perspectiva no será la misma si simplemente queremos sacar unas fotos para nuestro disfrute personal, sin mayores pretensiones, que vamos a visualizar en el ordenador o cualquier otro dispositivo, o si por el contrario nuestro camino está orientado hacia la publicación de las imágenes (editorial, web, blogs, exposiciones), la realización de impresiones o a aplicar tratamientos de edición posterior, más o menos complejos, a fin de dar rienda suelta a todo nuestro potencial creativo. Como se habrá podido intuir, los requerimientos técnicos para la primera de las opciones serán más sencillos y asequibles, mientras que para las otras podremos llegar tan lejos como nuestros conocimientos y presupuesto nos permitan.

Una de las decisiones más relevantes y que derivan de lo anterior es la de elegir qué tipo de cámara adquirir. Básicamente el mercado nos ofrece tres tipos de cámaras: compactas, puente (bridge) y réflex. Las compactas son las más extendidas entre los usuarios y salvo que centremos nuestra atención en los modelos más avanzados, resultan ser las que ofrecen las mayores limitaciones técnicas. Las bridge son una gama que va a caballo entre las compactas y las réflex, presentando prestaciones interesantes que habrá que considerar en nuestra elección. En cuanto a las réflex, constituyen el grupo de cámaras de mayor calidad, habiendo también una amplia gama de modelos. Son las más indicadas si nuestros propósitos demandan de las mayores prestaciones, aunque la inversión a realizar es considerable.

A la hora de fotografíar nuestras creaciones siempre querremos obtener los mejores resultados posibles independientemente de qué es lo que vayamos a hacer con las fotos. Para acercarnos a esta premisa, y dejando al margen la destreza, conocimientos y creatividad del fotógrafo, la clave estará en controlar todo el proceso que tiene lugar desde el principio hasta el final. Y para ello no podemos dejar que la cámara decida por nosotros configurando por su cuenta parámetros fundamentales como la apertura o la sensibilidad del sensor. Y aquí es donde la mayoría de las compactas fallan, ya que carecen de modo manual, estando el disparo condicionado a la elección de alguno de esos modos preestablecidos que todos hemos visto (paisaje, noche, deporte, etc...) y que vienen predefinidos de fábrica. Por tanto, solo las compactas avanzadas y bridge que tienen la opción de modo manual, así como las réflex, nos permitirán configurar los distintos parámetros según nuestras propias necesidades.

Otro aspecto importante a considerar en nuestra elección es la mínima distancia de enfoque. Para la práctica del Fotomodelismo nos conviene que esa distancia sea la menor posible, de modo que podamos retratar objetos muy pequeños tales como el rostro de una figura, por ejemplo. Esa distancia mínima de enfoque viene a representar lo cerca que podemos aproximarnos al objeto a fotografiar manteniéndolo enfocado correctamente. En las cámaras que no son réflex esta distancia puede variar mucho y no debemos pasarlo por alto a la hora de consultar las especificaciones. En el caso de las réflex este factor depende de la lente que vayamos a utilizar, ya que cada una tiene su propia distancia mínima de enfoque. En este sentido, los objetivos que ofrecen las mejores alternativas son los conocidos como macro, los cuales están construídos específicamente para llevar a cabo fotografías de aproximación. Si no disponemos de una lente de este tipo o si su adquisición supera nuestro presupuesto podemos recurrir a soluciones más económicas, tales como el uso de tubos de extensíon o incluso de lentes de aproximación. Los primeros son unos tubos huecos que se colocan entre la cámara y el objetivo (un 50 mm por ejemplo) para incrementar la distancia focal. Los segundos son lentes circulares a modo de filtros que se enroscan en la parte delantera del objetivo, los cuales actúan a modo de lupa. En ambos casos el cometido es el mismo, aproximarnos al sujeto a fotografiar manteniéndolo enfocado.

La resolución del archivo de imagen es un parámetro que si vamos a llevar a cabo impresiones a distintos tamaños sí tiene relevancia. La guerra entre las marcas por ofrecer más y más megapixeles es de sobra conocida, transmitiendo al usuario el mensaje falso de que cuantos más megapixeles tenga una cámara mejor es, haciendo parecer que es lo único que importa. La resolución es un elemento más que entra en juego y que contribuye a la calidad de una imagen, pero ésta depende más de otros factores que en su conjunto tienen más peso que la resolución en si misma. No es objeto de este artículo profundizar en esta faceta pero sirvan como ejemplo citar factores como el tamaño del sensor (a mayor tamaño mayor calidad de imagen), la calidad de la lente que utilizamos (sea réflex o no), el espacio de color (Adobe RGB mejor que sRGB) y la profundidad de color (12, 14 y 16 bits son los mejores).

Finalmente, si nuestra intención es tomar el archivo de cámara como la materia prima de partida sobre la que trabajar posteriormente en edición con software especializado en tales menesteres, deberemos pedirle a nuestra cámara que pueda registrar las imágenes en formato raw. Dicho formato incluye los datos brutos tal cual han sido capturados por el sensor sin ningún tipo de procesamiento posterior por parte de la cámara, tal y como ocurre con los jpg. El archivo raw es el negativo digital, el cual podremos modificar editándolo para aplicar todo tipo de ajustes. Este revelado digital sobre los raw no implica un deterioro o pérdida de calidad de la imagen, cosa que sí ocurre si realizamos el mismo proceso sobre un jpg. Dicho de otro modo, el grado de deterioro que puede sufrir una imagen jpg estará en función del procesado realizado en su edición, fenómeno que no tiene cabida si trabajamos con el negativo digital y luego lo relevamos. Y es aquí donde radica su gran ventaja, disparando las posibilidades de tratamiento a posteriori.

A modo de conclusión de todo lo anterior, el siguiente resumen incluye los principales aspectos que se recomienda considerar a la hora de definir con qué equipo voy a trabajar en Fotomodelismo:

1.- Definir muy bien cuales son nuestras necesidades fotográficas en función de las metas que buscamos. Tener claro qué es lo que voy a hacer posteriormente con mis fotos.

2.- Características recomendables que debe tener la cámara:

- Que sea totalmente configurable en cuanto a sensibilidad ISO, velocidad de obturación y apertura de diafragma (modo manual).
- Que sea capaz de enfocar manualmente y que la distancia mínima de enfoque sea la menor posible.
- Que disponga de una buena resolución, acorde al tamaño del sensor.
- Que permita disparar en formato raw.
- Que disponga de distintos espacios de color, incluido Adobe RGB.
- Que podamos obtener imágenes con una profundidad de color lo más alta posible (de 10 a 16 bits).
- Que se le pueda acoplar un disparador remoto o en su defecto que posea disparador automático (a fin de evitar los pequeños movimientos de la cámara al apretar el disparador con el dedo).
- Que se pueda montar sobre un trípode.

3.- Integrar nuestras necesidades con las posibilidades que nos ofrece el mercado en función de nuestro presupuesto. No desechar el mercado de segunda mano como una alternativa interesante.