
Por fin, llegamos a la última de las entradas relacionadas con el diorama que viene siendo últimamente el protagonista del blog. La zona que nos queda por analizar es la que alberga quizás al gran protagonista de la escena, o si no, al menos al más "pesado". Sin duda, la parte central y más destacada del diorama está ocupada por un cañón autopropulsado Hummel en su versión inicial, cuya estética es la que muestran los clásicos diseños alemanes para este tipo de vehículos. Ciertamente son auténticos mastodontes con personalidad propia, intimidantes con sus proyectiles de 150 mm de calibre. Recuerdo que cuando trabajaba en la planificación de este proyecto no existía en el mercado la versión inicial, la cual quería representar a partir de las fotos incluidas en la página 42 del libro
Panzer in the East (2) Decline and defeat 1943-45, de
Robert Michulec (Concord Publications), fuente de inspiración de parte de este diorama. Lo único que existía en el mercado eran dos kit de transformación de la versión final a la inicial, uno de Kirin y otro de Modelbau. Cuando estudiaba en detalle ambas opciones y ya buscaba cómo adquirirlo (me había decantado por el de Modelbau), irrumpió en el mercado el kit de Dragon, el cual compré casi de inmediato, desechando la opción inicial, junto a los fotograbados de Eduard y las cadenas de Friulmodelismo modelo
osketten, más anchas, tal y como se puede observar en las fotografías originales.


Por tanto, todos los componentes de este gigante ya habían llegado a mi taller. Sólo quedaría fabricar a scratch algunas piezas para sustituir las originales durante la fase de construcción basándome en el fenomenal libro de
Nuts and Bolts sobre este vehículo y personalizarlo con otros elementos propios e ideas particulares surgidas de la detenida observación de otra buena colección de fotos históricas dispersas por toda la bibliografía existente. Con ello haríamos de nuestro Hummel algo único, una pieza muy detallada que a la hora de integrarla en la escena brillaría con luz propia. Siguiendo el rigor histórico de las fotos el camuflaje no podía ser otro que un blanco deteriorado sobre el original amarillo desierto, lo cual, dadas las condiciones del escenario de combate, abría todo un mundo de posibilidades a la hora de reproducir distintos tipos de efectos de desgaste, suciedad, manchas, óxido, barro, desconchones de pintura y demás. En sí mismo, todo este proceso es realmente fantástico, y reconozco que me apasiona mucho más que lo que es en sí la fase de montaje, la cual tampoco me desagrada, dicho sea de paso.


La disposición del Hummel en el diorama y el modelado de las huellas sobre la nieve y el camino revelan la trayectoria que ha seguido dentro de la escena hasta ocupar el lugar donde se encuentra. Los tres pequeños grupos de figuras existentes a su alrededor, cada uno con su propia actividad, reflejan el peso específico que representa este cañón autopropulsado para el grupo humano de combatientes. Un aspecto que me parece muy importante y que transmite dinamismo al vehículo en la escena es el grado de realismo alcanzado para representar las huellas y el efecto de "nieve rota". El trabajo sobre estos detalles se tiene que basar en imágenes reales de situaciones similares, en el que un vehículo sobre orugas avanza sobre un terreno nevado y va rompiendo la fina capa de nieve. Aquí tenemos todo tipo de posibilidades, según lo que queramos reproducir, pero desde nieve sucia, hielo y hielo sucio, hasta pequeños bloques de nieve o amontonamientos que han caído desde las orugas a medida que el vehículo avanza.

Para reproducir todo este tipo de efectos asociados a la nieve debemos partir inicialmente, y no hay otra opción, de cómo fabricamos precisamente la nieve. En mi caso, materializar la idea de una nieve realista, así como de todas sus variantes combinadas al mismo tiempo entre sí como suele ocurrir en la realidad, ha sido una verdadera cruzada, siendo una ardua y voluntariosa tarea de búsqueda y experimentación que se que a día de hoy aún no ha terminado. Porque imitar la nieve es relativamente fácil, pero hacer que parezca de verdad a escala ya no lo es tanto. Y más si pensamos en terrenos embarrados, llenos de charcos fangosos, en los que las placas de hielo se intercalan con nieve acumulada, quizás arrastrada por las ventiscas. Un escenario de este tipo, muy frecuente durante ciertas estaciones en el Frente Oriental, supone un auténtico desafío para el modelista. Sobre todo porque convencer al observador de que lo que está viendo es "realmente" nieve y hielo, entre otros efectos, implica desempeñar un buen trabajo para ser convincentes.

De entrada nos podemos plantear como punto de partida utilizar un producto comercial que ya se vende como nieve o fabricar nuestra propia nieve a partir de diversos componentes. En mi opinión, los primeros los reservo para determinados efectos puntuales y según qué producto, ya que no todos son iguales, dando unos mejores resultados que otros según para qué. Por su parte, los segundos ofrecen mayores posibilidades en cuanto a la variedad de efectos a conseguir, permitiendo "jugar" más con los componentes y sus proporciones. En cualquier caso, inicialmente debemos desechar en las mezclas la utilización de cola blanca, ya que si queremos que nuestra nieve o variantes conserve con el paso del tiempo el blanco del primer día, o en su caso los tonos terrosos que hayamos empleado, su uso no nos lo permitirá, amarilleando el tono general de un modo muy desagradable e irreal. Igual ocurre con ciertos tipos de barnices, que también amarillean con el tiempo, por lo que no son aconsejables para usarlos como aglutinante. El empleo de sal marina, bien sea gruesa o fina, incluso el bicarbonato, puede contribuir a dar un cierto efecto cristalino puntual, pero su uso generalizado para cubrir áreas de tamaño grande o mediano, así como para simular ciertos efectos, suele ir en detrimento de un acabado realista.

Una de las mejores opciones y que a mí particularmente me gusta mucho es utilizar como elemento principal el polvo de mármol, muy fino, también conocido como marmolina. Este producto suele venderse en tiendas de figuras ya hechas para su posterior decoración y pintado. En una primera impresión pueden parecer las típicas figuras de escayola o yeso, pero en realidad son de marmolina. La marmolina es un producto bastante económico, lo que nos permite poder adquirir fácilmente grandes cantidades con un desembolso muy reducido. Hay que tener cuidado con no confundirlo con el alabastro, ya que puede que en alguna tienda de manualidades nos vendan el uno por el otro. Y no por mala fe de quien nos atiende, sino porque existe cierta confusión entre ambos productos, pensándose que es lo mismo. Como aglutinante de la marmolina resulta ideal un medium acrílico brillante de los utilizados en bellas artes. Yo utilizo el de la marca Titán, que va muy bien, y conforme hagamos la mezcla más rica en marmolina podremos ir elaborando una nieve con más cuerpo, mientras que al revés, a mayor proporción de medium, podremos simular pequeñas acumulaciones de nieve en finas capas e incluso hielo. Para darle ese cierto brillo a la nieve, si con el medium utilizado no nos parece suficiente, podemos recurrir a dar ciertos retoques con barniz cerámico incoloro, aunque debemos ser precabidos y no excedernos. La nieve sucia se simula trabajando muy sutilmente con pasteles no grasos o pigmentos de colores adecuados, debiendo tener mucho cuidado también de no excedernos. Para el barro y el fango podemos recurrir a una mezcla heterogénea de escayola, arena, marmolina y pigmentos aglutinados con barniz brillante o mejor aún con el propio medium antes mencionado.


Trabajar con todos estos productos, así como con otros similares que sean de nuestras preferencias, implica familiarizarnos con las propiedades que posee cada uno de ellos, de modo que podamos explotar al máximo las posibilidades que nos ofrecen. Y la combinación de todos ellos y su distribución, a su vez, en la escena determinará el que representemos una gran variedad de efectos, texturas y apariencias, más o menos sutiles, que en conjunto aportarán ese grado de realismo que constituye una de las metas que buscamos. Lo que sí es cierto es que del resultado que obtengamos con dichos efectos dependerá muy mucho el acabado final de la obra, ya que para un diorama como el que venimos desgranando resulta fundamental que estos elementos convenzan al espectador.

Además de las figuras que están aprovisionando de munición al Hummel, los otros dos pequeños grupos resultan transmitir la sensación de relajamiento, de estar tomando un momento de descanso y distracción para charlar y compartir anécdotas del combate. Ese estado de relax está en consonancia con el propio título de la obra, aportando sentido a la idea global que se quiere transmitir. En esta línea, tanto la selección de las figuras como las transformaciones parciales a las que han sido sometidas se han realizado a conciencia, ya que las posturas son muy reveladoras y su localización en la escena muy significativa. El detalle de los fumadores (incluido el humo) evoca una naturalidad que acerca al espectador, que le despierta cierta curiosidad e incluso le invita casi a escuchar la conversación que está teniendo lugar.
Los elementos de ambientación situados en este sector son muy simples, basados en algunos amontonamientos de nieve "limpia" sin alterar que alternan con otra muy sucia, hielo y algo de fango. Algunas pequeñas plantas cubiertas de nieve y un camuflaje algo precario realizado con unas ramas en la parte frontal del Hummel, el cual ha sido reproducido a partir de otra fotografía de la época, dan por concluida la ambientación de esta zona. Por tanto, con ello damos por concluido el estudio y análisis realizado a este apasionante y sugerente diorama, el cual ha supuesto un gran esfuerzo que finalmente se ha visto enormemente recompensado.