jueves, 24 de octubre de 2013

De Cumpleaños con Albert

Hoy es el primer aniversario de este blog. Aunque me parezca increíble ya han pasado doce meses desde que se publicó la primera entrada. Echo la mirada atrás y lo inmediato que siento es que me habría gustado tener el tiempo suficiente para elaborar más contenidos. Por desgracia, y ya se dejó entrever en su presentación, el blog ha estado sometido a una continua lucha por abrirse camino, compitiendo por el tiempo que otros menesteres no querían cederle. Al final ha conseguido resistir e ir sacando a cuentagotas artículos que hasta la fecha no se han alejado ni un ápice de los planteamientos y concepción iniciales. Están los que son y así va a continuar siendo, espero que por mucho tiempo, lo cual es motivo de que hoy nos vayamos de fiesta. Y para celebrarlo voy a compartir una de esas historias que le dejan a uno boquiabierto, pensativo, a la que cada cual podrá ponerle los adjetivos que quiera, y para la que yo todavía ando jugando con las letras a ver si aparece una combinación que me satisfaga. La imaginación se dispara, las emociones se vuelven casi incontenibles y las preguntas surgen, brotan una tras otra para perseguir fantasmas del pasado como si de ellos pudiéramos obtener respuestas.

Todo comenzó hace unos pocos años cuando andaba buscando por una conocida web de compras y subastas un libro de Werner Haupt publicado en 1978 por la prestigiosa editorial alemana Podzun-Pallas-Verlag. El libro, titulado Moskau Rshew-Orel Minsk, Bildericht der Heeresgruppe Mitte 1941-1944, era una crónica en fotografías del Grupo de Ejércitos Centro alemán en el Frente del Este para ese período. Dado mi profundo interés por el material fotográfico de la época, la calidad del autor y la editorial, así como del escenario histórico, me dispuse a conseguir un ejemplar que estuviera en buen estado para incorporarlo al resto de referencias de mi modesta biblioteca. No es un libro que se pueda conseguir muy fácilmente y tardé un cierto tiempo en localizar uno de mi agrado. Sólo faltaba esperar a que el servicio postal hiciera bien su trabajo y en poco más de una semana llegaría finalmente a casa.

El ejemplar recibido respondía fielmente a la descripción realizada por la vendedora, ubicada en la ciudad de Dortmund, estando en muy buen estado. En cambio, este libro encerraba en su interior un secreto que en aquel momento no podía ni siquiera imaginar, ya que en el anuncio no se describía absolutamente nada de lo que me encontraba a punto de descubrir. Como suele ocurrir en estos casos, desenvolví el paquete con cuidado y seguidamente me dispuse a ojear detalladamente el libro de modo tranquilo. Uno siente una sensación especial al recorrer las páginas de un libro como este, y casi sin darse uno cuenta, embebido en los detalles, va llegando al final, quedándonos casi sin hojas para seguir disfrutando.

Y fue aquí precisamente, en las últimas páginas del libro, donde se produjo el descubrimiento. El paso de estas últimas hojas advirtieron un peso inusitado respecto a las páginas anteriores. Aquello era extraño ya que se trataba del mismo tipo de papel. Pronto advertí que en los huecos en blanco que dejaban los textos se encontraban pegadas hasta un total de 22 fotografías originales y por tanto superpuestas. Además, debajo de cada foto alguien había elaborado unos textos escritos en alemán con máquina de escribir que venían a aportar algo de información sobre cada foto. Aquello era inusitado y sorprendente. ¿Quién se había molestado en hacer aquel trabajo? ¿De quién eran aquellas fotos? ¿De quién había sido aquel libro antes de que llegara a mis manos?

Las hipótesis empezaron a brotar en mi cabeza intentando arrojar un poco de luz sobre aquel misterio. Quizás un familiar del autor, o el propio autor de las fotos se había tomado el trabajo de componer aquel álbum superpuesto. ¿Quién sería capaz de deshacerse de fotos propias o de uno de sus familiares de una manera tan insensible? ¿Habrían pasado dichas fotos inadvertidas para los que vendieron el libro o lo  vendieron a sabiendas de lo que había dentro? De ser cierto este último caso no parece que le dieran mucho valor a esas fotografías. En fin, que todo aquello era muy extraño y las lagunas de información no permitían reconstruir lo ocurrido, o al menos en parte. Sin embargo, la única pieza que tenía de aquel puzzle era el propio libro, por lo que si podía descubrir algo más era lo único que tenía a mi alcance. Por tanto, procedí a hacer un análisis exhaustivo a fin de encontrar alguna que otra prueba, indicio o evidencia.

Obviamente lo primero que hice fue estudiar detenidamente todas y cada una de las 22 fotos. Al margen de las fotos en sí mismas me centré en los pies de foto. Los detalles de localización y precisión recogidos revelaban que aquello lo había escrito una persona que realmente había estado allí. Incluso, con toda probabilidad, el propio autor de las fotografías. De todas ellas me llamó especialmente la atención la primera de la serie. Es una foto en la que aparece un único individuo, es la primera de todas, lo que suena a presentación, y es la única que bajo la cual reza un nombre: Alb. Dückert. Aquello era una pista seria y el "Alb." se me ocurría que podía ser Albert, aunque no era seguro. El resto de los pies de foto eran más generales y sobre todo incidían sobre lo que se hacía o había en las imágenes, así como a los lugares donde se habían tomado (Francia, Polonia y Rusia). En este sentido había un paralelismo claro entre la crónica del libro y la del álbum misterioso. 

Cuando ya veía que no podía obtener más pistas de las fotos pasé a examinar el resto del libro. Y aquí me tropecé con otras dos grandes sorpresas. La primera de ellas fue encontrarme el nombre de Albert Dückert escrito de puño y letra con tinta azul en la parte superior correspondiente a la página del índice del libro. Dios mío, aquello demostraba quién era el propietario original del libro y tenía su imagen en la primera foto del álbum. Las sospechas eran ciertas. Aquel era Albert vestido de uniforme, entre mis manos tenía su libro y dentro de él su álbum de fotos personal. Una inscripción con la misma tinta azul recogida en la primera página que reza "1978" demostraba que adquirió el libro el mismo año de su publicación, procediendo seguramente a personalizarlo con su propia historia ese mismo año. ¡Increíble ! Pero todavía quedaba la segunda sorpresa. Pegado a la página del índice de tal forma que le hacía quedar anterior a él encontré un folio mecanografiado perfectamente pegado como una página más. Se trataba de un documento que al ser ligeramente menor en dimensiones a la página del libro había pasado inadvertido. ¿Cómo era posible? ¡Esto no pertenece al libro! ¡Es un añadido! Aquel escrito estaba firmado por A. Dückert, por si quedaba alguna duda, y venía a representar un prefacio personal a lo que se cuenta en el libro. De la traducción de este escrito se deduce que el autor quiso hacer algunas puntualizaciones que consideró importantes y que al parecer no tienen el suficiente reflejo en el libro. Deja el testimonio de que perteneció a la 263 división de infantería, que reconoce los lugares que se describen y que recuerda el barrizal en el que se convirtió Rusia en el otoño de 1941, concretamente en septiembre (la conocida rasputitsa), en donde era imposible distinguir ninguna línea del frente.
También menciona la retirada que se llevó a cabo en diciembre de ese mismo año y las pésimas condiciones en las que se realizó, siendo acosados frecuentemente por tropas siberianas. Mención especial hace del papel que desempeñaron los caballos, los cuales les advertían de la proximidad del enemigo, les daban calor cuando los motores de sus vehículos no funcionaban ante el frío extremo y que salvaron muchas vidas en unas condiciones verdaderamente lamentables. Concluye destacando que los servicios prestados por estos animales no han sido suficientemente reconocidos, teniendo un pensamiento final tanto para los hombres como para los caballos en este prefacio que hace a la introducción del libro. 

Con todo ello quedaba desvelado en gran parte el misterio que rodeaba a este ejemplar único, si bien la información descubierta multiplicaba casi exponencialmente el número de nuevas cuestiones a resolver. Pero esa es otra historia, la cual no se si algún día llegaré a descubrir. Lo cierto es que Albert Dückert dejó su huella en este ejemplar para contarnos como testigo presencial algunas de sus impresiones, al menos las que le parecieron más importantes, lo cual le da un valor testimonial e histórico de primer orden. Por tanto, desde aquí y con motivo del primer aniversario del blog me gustaría mostrar mi agradecimiento a Albert Dückert, esté donde esté, por su aportación a la memoria histórica y por brindarnos la oportunidad, lejos de cualquier cuestión ideológica, de conocer un poquito más sobre el lado humano de los episodios ocurridos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Sturm & Drang, una joya de Tank Magazine

En mi mente afloran unas imágenes originales en blanco y negro. He visto tantas que me pregunto dónde estaban publicadas. Me acerco a mi biblioteca y casi sin quererlo cae entre mis manos una colección de publicaciones que siempre ejerció un cierto magnetismo sobre mi curiosidad histórica. A pesar de los años que han transcurrido desde que salieron a la luz creo que no han perdido protagonismo, y aún más importante el interés, ya que a ello hay que añadirle el encanto de su elegante y cuidada presentación.

Creo que una parte importante de los modelistas a los que también les gusta la historia han pasado buenos y largos ratos contemplando y analizando aquellos catálogos y álbumes con fotos de época que irrumpieron desde oriente a finales de la década de los 70 del siglo pasado. Sin duda fueron una auténtica novedad modelística, presentando información gráfica de altísimo valor para el aficionado a este hobby que por aquellos años buscaba fotos originales, al igual que ocurre hoy, como fuente de inspiración e información para sus proyectos modelísticos. La dispersión de dicho material era tan grande y las fuentes tan diversas que la búsqueda podía resultar a menudo muy costosa, tediosa e incluso infructuosa si nuestros propósitos eran algo "ambiciosos". A más de uno le sonará lo de aparcar una idea, a veces durante años, hasta el momento que la podamos documentar correctamente como se merece. Y es que esa era la realidad de aquel entonces, tiempos en los que se padecían muchas limitaciones que hoy día quedan muy atrás gracias a la abundancia del material documental disponible y de los recursos web que están a nuestro alcance en tan sólo unos pocos segundos.

Por primera vez, a alguien se le había ocurrido seleccionar de archivos históricos documentales y colecciones privadas aquellas fotografías que podían tener una especial relevancia para el modelista, juntándolas todas en una publicación y poniéndolas a disposición del gran público. Nacía así un nuevo producto que no olía a pintura, disolvente o que no estaba lleno de rebabas de plástico, pensado exclusivamente para los amantes de las reproducciones a escala. En este sentido hay que decir que aquella apuesta constituyó la semilla que ha dado origen a maravillosas publicaciones actuales (Concord Publications, Nuts and Bolts, Tankograd, etc....) que están precisamente centradas en esta línea de trabajo y que tanto alabamos por lo que nos aportan. Es más, hoy día nos resulta impensable que dejen de existir, ya que al enorme interés por tratar temas y enfoques novedosos se le une la curiosidad por descubrir una y otra vez nuevas fotos inéditas, localizadas quien sabe en qué fondo de museo, colección privada perdida o carretes sin revelar extraviados hace decenas de años, lo que suscita una gran expectación que garantiza no sólo su subsistencia sino también su crecimiento.

Resulta imposible olvidar aquellos primeros ejemplares de Koku Fan, Ground Power y los catálogos de Tamiya, incluso la corta serie de peculiar nombre "Pachi ideas", en la que se mostraban trabajos de modelistas japoneses más o menos acertados retratados en blanco y negro, con lo que se les daba una apariencia más creativa y original. Sin duda todos ellos fueron fuente de inspiración para muchos de nosotros, pero de entre todos ellos, y ya que han saltado desde el estante a mis manos, hoy me gustaría destacar la calidad de Tank Magazine. Esta publicación, además de sacar los números habituales, se dedicó a elaborar una serie de números especiales, los cuales constituían verdaderos monográficos sobre un aspecto o episodio concreto. Destacan por ejemplo los números sobre la batalla de Kursk, la ocupación de Polonia, la campaña de Italia, la Operación Blau o la campaña de Normandía. Otros versaron sobre los blindados alemanes o el emblemático Zorro del Desierto, mostrándonos imágenes soberbias que casi nos involucraban en la mismísima acción.

 Pero de entre todos ellos, a mi juicio resaltan singularmente una pequeña colección de seis volúmenes que se encuadraron en la serie conocida como Sturm & Drang. Su cubierta de tapa negra los hizo únicos, dotándoles de un aire de intriga que incitaba a abrirlos para descubrir lo que escondían sus páginas. Impresos en papel satinado de buena calidad entre los años 1.990 y 1.993, fueron generosos en cuanto al número de páginas, el cual varía entre las 148 y 160 según el volumen. Aunque el texto está integramente en japonés, la calidad y nitidez de la mayoría de las fotos sorprende en gran medida. Además del profuso despliegue fotográfico, que también presenta imágenes de gran formato, se incluyen perfiles a color y planos a escala de los vehículos tratados. Los números publicados fueron los siguientes:
  • STURM & DRANG, Número 1, Junio de 1990, dedicado al TIGER
  • STURM & DRANG, Número 2, Octubre de 1990, dedicado al STUG III
  • STURM & DRANG, Número 3, Julio de 1991, dedicado a los SDKFZ 250 & 251
  • STURM & DRANG, Número 4, Marzo de 1992, dedicado al PANZER IV
  • STURM & DRANG, Número 5, Diciembre de 1992, dedicado al PANTHER
  • STURM & DRANG, Número 6, Noviembre de 1993, dedicado al PANZERJAGER
A nivel internacional esta colección constituye una referencia casi obligada, siendo citada en numerosas bibliografías de publicaciones destacadas, lo cual no es de extrañar. Por desgracia para los aficionados hace ya mucho tiempo que se encuentra descatalogada, siendo muy difícil de conseguir, por lo que si queremos adquirirla tendremos que probar suerte y recurrir casi irremediablemente al mercado de segunda mano y de subastas por internet, entornos en los que deberemos tener paciencia para poder aprovechar las pocas oportunidades que se nos presenten. Salvo el caso particular de vendedores puntuales que puedan aparecer en cualquier rincón del planeta, Japón y EE.UU. se presentan como los principales candidatos donde poder encontrar aún ejemplares nuevos o estupendamente conservados. Irlos encontrando uno a uno llevará tiempo, quizás más del que estemos dispuestos a esperar, ya que tropezarnos con la oportunidad de que los vendan todos juntos es a día de hoy algo realmente improbable. En cualquier caso, todo esfuerzo realizado valdrá la pena con tal de disfrutar de una obra digna de un auténtico coleccionista.

Bueno, creo que ya va siendo hora de que vuelvan de nuevo a su espacio reservado en la estantería. Si pasan fuera de ella unos minutos más puede que me provoquen demasiado y mi mente, siempre atenta a nuevos estímulos, quede atrapada por la inspiración monocromática de alguna de sus páginas.

martes, 18 de junio de 2013

Buscando la cámara ideal


Si pensamos explotar el potencial fotográfico de nuestros proyectos modelísticos puede que nos estemos preguntando qué cámara es la más adecuada para la práctica del Fotomodelismo. Tanto si disponemos ya de una, y queremos ver hasta dónde podemos llegar con ella, como si estamos en la tesitura de elegir un modelo de entre la amplia gama que nos ofrece el mercado, será imprescindible analizar aquellos factores que resultan más importantes y que debemos tener en cuenta a la hora de adquirir nuestro equipo de trabajo.

Al igual que ocurre con el resto de disciplinas fotográficas, partiremos de la base que la cámara ideal como tal no existe. Si alguien se había hecho ilusiones al respecto siento haber dado al traste con un sueño de forma tan directa. Otra cosa muy diferente es que una determinada cámara por las características y prestaciones que tiene la conviertan en muy adecuada o incluso casi ideal para Fotomodelismo, lo cual nos pone en la pista de que no todo está perdido, de que aún podemos perseguir un sueño. Dada la amplísima oferta de marcas y modelos disponibles, los cuales no paran de salir para volvernos un poco locos, no es de extrañar que nos encontremos con que unas cámaras son mejores que otras. Y ese juicio no sólo depende de lo que cada modelo nos puede ofrecer sino también, en gran medida, de las preferencias e intenciones que posea el fotógrafo.

Por tanto, antes de ponernos a mirar cámaras, especificaciones técnicas y manuales, la primera cuestión a la que debemos dar respuesta es la de cuales son las necesidades que queremos satisfacer. Acotar nuestro radio de acción es fundamental inicialmente, aunque con el tíempo éste pueda crecer y desarrollarse, ya que nos dará las claves para buscar lo que realmente necesitamos. Y ello no implica quedarnos justitos en cuanto a posibilidades técnicas y creativas, pero sí habrá que ser precavidos para no pasarnos de largo y sobredimensionar nuestros propósitos. Es posible que si partimos de cero al principio no sea tan fácil vislumbrar ese horizonte pero irremediablemente será un ejercicio que deberemos hacer para fijarnos hasta dónde queremos llegar. Y la clave para ello es preguntarnos que para qué quiero las fotos que voy a realizar, qué uso les voy a dar, qué voy a hacer con ellas.

Solventar esta cuestión implica ponernos límites y eso puede que no sea de todo nuestro agrado pero debemos ser conscientes de qué es lo que realmente queremos hacer. Si lo logramos y acertamos, es muy probable que con ello nos ahorremos en el futuro algún que otro quebradero de cabeza, además de tiempo y dinero. La perspectiva no será la misma si simplemente queremos sacar unas fotos para nuestro disfrute personal, sin mayores pretensiones, que vamos a visualizar en el ordenador o cualquier otro dispositivo, o si por el contrario nuestro camino está orientado hacia la publicación de las imágenes (editorial, web, blogs, exposiciones), la realización de impresiones o a aplicar tratamientos de edición posterior, más o menos complejos, a fin de dar rienda suelta a todo nuestro potencial creativo. Como se habrá podido intuir, los requerimientos técnicos para la primera de las opciones serán más sencillos y asequibles, mientras que para las otras podremos llegar tan lejos como nuestros conocimientos y presupuesto nos permitan.

Una de las decisiones más relevantes y que derivan de lo anterior es la de elegir qué tipo de cámara adquirir. Básicamente el mercado nos ofrece tres tipos de cámaras: compactas, puente (bridge) y réflex. Las compactas son las más extendidas entre los usuarios y salvo que centremos nuestra atención en los modelos más avanzados, resultan ser las que ofrecen las mayores limitaciones técnicas. Las bridge son una gama que va a caballo entre las compactas y las réflex, presentando prestaciones interesantes que habrá que considerar en nuestra elección. En cuanto a las réflex, constituyen el grupo de cámaras de mayor calidad, habiendo también una amplia gama de modelos. Son las más indicadas si nuestros propósitos demandan de las mayores prestaciones, aunque la inversión a realizar es considerable.

A la hora de fotografíar nuestras creaciones siempre querremos obtener los mejores resultados posibles independientemente de qué es lo que vayamos a hacer con las fotos. Para acercarnos a esta premisa, y dejando al margen la destreza, conocimientos y creatividad del fotógrafo, la clave estará en controlar todo el proceso que tiene lugar desde el principio hasta el final. Y para ello no podemos dejar que la cámara decida por nosotros configurando por su cuenta parámetros fundamentales como la apertura o la sensibilidad del sensor. Y aquí es donde la mayoría de las compactas fallan, ya que carecen de modo manual, estando el disparo condicionado a la elección de alguno de esos modos preestablecidos que todos hemos visto (paisaje, noche, deporte, etc...) y que vienen predefinidos de fábrica. Por tanto, solo las compactas avanzadas y bridge que tienen la opción de modo manual, así como las réflex, nos permitirán configurar los distintos parámetros según nuestras propias necesidades.

Otro aspecto importante a considerar en nuestra elección es la mínima distancia de enfoque. Para la práctica del Fotomodelismo nos conviene que esa distancia sea la menor posible, de modo que podamos retratar objetos muy pequeños tales como el rostro de una figura, por ejemplo. Esa distancia mínima de enfoque viene a representar lo cerca que podemos aproximarnos al objeto a fotografiar manteniéndolo enfocado correctamente. En las cámaras que no son réflex esta distancia puede variar mucho y no debemos pasarlo por alto a la hora de consultar las especificaciones. En el caso de las réflex este factor depende de la lente que vayamos a utilizar, ya que cada una tiene su propia distancia mínima de enfoque. En este sentido, los objetivos que ofrecen las mejores alternativas son los conocidos como macro, los cuales están construídos específicamente para llevar a cabo fotografías de aproximación. Si no disponemos de una lente de este tipo o si su adquisición supera nuestro presupuesto podemos recurrir a soluciones más económicas, tales como el uso de tubos de extensíon o incluso de lentes de aproximación. Los primeros son unos tubos huecos que se colocan entre la cámara y el objetivo (un 50 mm por ejemplo) para incrementar la distancia focal. Los segundos son lentes circulares a modo de filtros que se enroscan en la parte delantera del objetivo, los cuales actúan a modo de lupa. En ambos casos el cometido es el mismo, aproximarnos al sujeto a fotografiar manteniéndolo enfocado.

La resolución del archivo de imagen es un parámetro que si vamos a llevar a cabo impresiones a distintos tamaños sí tiene relevancia. La guerra entre las marcas por ofrecer más y más megapixeles es de sobra conocida, transmitiendo al usuario el mensaje falso de que cuantos más megapixeles tenga una cámara mejor es, haciendo parecer que es lo único que importa. La resolución es un elemento más que entra en juego y que contribuye a la calidad de una imagen, pero ésta depende más de otros factores que en su conjunto tienen más peso que la resolución en si misma. No es objeto de este artículo profundizar en esta faceta pero sirvan como ejemplo citar factores como el tamaño del sensor (a mayor tamaño mayor calidad de imagen), la calidad de la lente que utilizamos (sea réflex o no), el espacio de color (Adobe RGB mejor que sRGB) y la profundidad de color (12, 14 y 16 bits son los mejores).

Finalmente, si nuestra intención es tomar el archivo de cámara como la materia prima de partida sobre la que trabajar posteriormente en edición con software especializado en tales menesteres, deberemos pedirle a nuestra cámara que pueda registrar las imágenes en formato raw. Dicho formato incluye los datos brutos tal cual han sido capturados por el sensor sin ningún tipo de procesamiento posterior por parte de la cámara, tal y como ocurre con los jpg. El archivo raw es el negativo digital, el cual podremos modificar editándolo para aplicar todo tipo de ajustes. Este revelado digital sobre los raw no implica un deterioro o pérdida de calidad de la imagen, cosa que sí ocurre si realizamos el mismo proceso sobre un jpg. Dicho de otro modo, el grado de deterioro que puede sufrir una imagen jpg estará en función del procesado realizado en su edición, fenómeno que no tiene cabida si trabajamos con el negativo digital y luego lo relevamos. Y es aquí donde radica su gran ventaja, disparando las posibilidades de tratamiento a posteriori.

A modo de conclusión de todo lo anterior, el siguiente resumen incluye los principales aspectos que se recomienda considerar a la hora de definir con qué equipo voy a trabajar en Fotomodelismo:

1.- Definir muy bien cuales son nuestras necesidades fotográficas en función de las metas que buscamos. Tener claro qué es lo que voy a hacer posteriormente con mis fotos.

2.- Características recomendables que debe tener la cámara:

- Que sea totalmente configurable en cuanto a sensibilidad ISO, velocidad de obturación y apertura de diafragma (modo manual).
- Que sea capaz de enfocar manualmente y que la distancia mínima de enfoque sea la menor posible.
- Que disponga de una buena resolución, acorde al tamaño del sensor.
- Que permita disparar en formato raw.
- Que disponga de distintos espacios de color, incluido Adobe RGB.
- Que podamos obtener imágenes con una profundidad de color lo más alta posible (de 10 a 16 bits).
- Que se le pueda acoplar un disparador remoto o en su defecto que posea disparador automático (a fin de evitar los pequeños movimientos de la cámara al apretar el disparador con el dedo).
- Que se pueda montar sobre un trípode.

3.- Integrar nuestras necesidades con las posibilidades que nos ofrece el mercado en función de nuestro presupuesto. No desechar el mercado de segunda mano como una alternativa interesante.

martes, 30 de abril de 2013

Recobrando el aliento IV

Por fin, llegamos a la última de las entradas relacionadas con el diorama que viene siendo últimamente el protagonista del blog. La zona que nos queda por analizar es la que alberga quizás al gran protagonista de la escena, o si no, al menos al más "pesado". Sin duda, la parte central y más destacada del diorama está ocupada por un cañón autopropulsado Hummel en su versión inicial, cuya estética es la que muestran los clásicos diseños alemanes para este tipo de vehículos. Ciertamente son auténticos mastodontes con personalidad propia, intimidantes con sus proyectiles de 150 mm de calibre. Recuerdo que cuando trabajaba en la planificación de este proyecto no existía en el mercado la versión inicial, la cual quería representar a partir de las fotos incluidas en la página 42 del libro Panzer in the East (2) Decline and defeat 1943-45, de Robert Michulec (Concord Publications), fuente de inspiración de parte de este diorama. Lo único que existía en el mercado eran dos kit de transformación de la versión final a la inicial, uno de Kirin y otro de Modelbau. Cuando estudiaba en detalle ambas opciones y ya buscaba cómo adquirirlo (me había decantado por el de Modelbau), irrumpió en el mercado el kit de Dragon, el cual compré casi de inmediato, desechando la opción inicial, junto a los fotograbados de Eduard y las cadenas de Friulmodelismo modelo osketten, más anchas, tal y como se puede observar en las fotografías originales.

Por tanto, todos los componentes de este gigante ya habían llegado a mi taller. Sólo quedaría fabricar a scratch algunas piezas para sustituir las originales durante la fase de construcción basándome en el fenomenal libro de Nuts and Bolts sobre este vehículo y personalizarlo con otros elementos propios e ideas particulares surgidas de la detenida observación de otra buena colección de fotos históricas dispersas por toda la bibliografía existente. Con ello haríamos de nuestro Hummel algo único, una pieza muy detallada que a la hora de integrarla en la escena brillaría con luz propia. Siguiendo el rigor histórico de las fotos el camuflaje no podía ser otro que un blanco deteriorado sobre el original amarillo desierto, lo cual, dadas las condiciones del escenario de combate, abría todo un mundo de posibilidades a la hora de reproducir distintos tipos de efectos de desgaste, suciedad, manchas, óxido, barro, desconchones de pintura y demás. En sí mismo, todo este proceso es realmente fantástico, y reconozco que me apasiona mucho más que lo que es en sí la fase de montaje, la cual tampoco me desagrada, dicho sea de paso.

La disposición del Hummel en el diorama y el modelado de las huellas sobre la nieve y el camino revelan la trayectoria que ha seguido dentro de la escena hasta ocupar el lugar donde se encuentra. Los tres pequeños grupos de figuras existentes a su alrededor, cada uno con su propia actividad, reflejan el peso específico que representa este cañón autopropulsado para el grupo humano de combatientes. Un aspecto que me parece muy importante y que transmite dinamismo al vehículo en la escena es el grado de realismo alcanzado para representar las huellas y el efecto de "nieve rota". El trabajo sobre estos detalles se tiene que basar en imágenes reales de situaciones similares, en el que un vehículo sobre orugas avanza sobre un terreno nevado y va rompiendo la fina capa de nieve. Aquí tenemos todo tipo de posibilidades, según lo que queramos reproducir, pero desde nieve sucia, hielo y hielo sucio, hasta pequeños bloques de nieve o amontonamientos que han caído desde las orugas a medida que el vehículo avanza.

Para reproducir todo este tipo de efectos asociados a la nieve debemos partir inicialmente, y no hay otra opción, de cómo fabricamos precisamente la nieve. En mi caso, materializar la idea de una nieve realista, así como de todas sus variantes combinadas al mismo tiempo entre sí como suele ocurrir en la realidad, ha sido una verdadera cruzada, siendo una ardua y voluntariosa tarea de búsqueda y experimentación que se que a día de hoy aún no ha terminado. Porque imitar la nieve es relativamente fácil, pero hacer que parezca de verdad a escala ya no lo es tanto. Y más si pensamos en terrenos embarrados, llenos de charcos fangosos, en los que las placas de hielo se intercalan con nieve acumulada, quizás arrastrada por las ventiscas. Un escenario de este tipo, muy frecuente durante ciertas estaciones en el Frente Oriental, supone un auténtico desafío para el modelista. Sobre todo porque convencer al observador de que lo que está viendo es "realmente" nieve y hielo, entre otros efectos, implica desempeñar un buen trabajo para ser convincentes.

De entrada nos podemos plantear como punto de partida utilizar un producto comercial que ya se vende como nieve o fabricar nuestra propia nieve a partir de diversos componentes. En mi opinión, los primeros los reservo para determinados efectos puntuales y según qué producto, ya que no todos son iguales, dando unos mejores resultados que otros según para qué. Por su parte, los segundos ofrecen mayores posibilidades en cuanto a la variedad de efectos a conseguir, permitiendo "jugar" más con los componentes y sus proporciones. En cualquier caso, inicialmente debemos desechar en las mezclas la utilización de cola blanca, ya que si queremos que nuestra nieve o variantes conserve con el paso del tiempo el blanco del primer día, o en su caso los tonos terrosos que hayamos empleado, su uso no nos lo permitirá, amarilleando el tono general de un modo muy desagradable e irreal. Igual ocurre con ciertos tipos de barnices, que también amarillean con el tiempo, por lo que no son aconsejables para usarlos como aglutinante. El empleo de sal marina, bien sea gruesa o fina, incluso el bicarbonato, puede contribuir a dar un cierto efecto cristalino puntual, pero su uso generalizado para cubrir áreas de tamaño grande o mediano, así como para simular ciertos efectos, suele ir en detrimento de un acabado realista.

Una de las mejores opciones y que a mí particularmente me gusta mucho es utilizar como elemento principal el polvo de mármol, muy fino, también conocido como marmolina. Este producto suele venderse en tiendas de figuras ya hechas para su posterior decoración y pintado. En una primera impresión pueden parecer las típicas figuras de escayola o yeso, pero en realidad son de marmolina. La marmolina es un producto bastante económico, lo que nos permite poder adquirir fácilmente grandes cantidades con un desembolso muy reducido. Hay que tener cuidado con no confundirlo con el alabastro, ya que puede que en alguna tienda de manualidades nos vendan el uno por el otro. Y no por mala fe de quien nos atiende, sino porque existe cierta confusión entre ambos productos, pensándose que es lo mismo. Como aglutinante de la marmolina resulta ideal un medium acrílico brillante de los utilizados en bellas artes. Yo utilizo el de la marca Titán, que va muy bien, y conforme hagamos la mezcla más rica en marmolina podremos ir elaborando una nieve con más cuerpo, mientras que al revés, a mayor proporción de medium, podremos simular pequeñas acumulaciones de nieve en finas capas e incluso hielo. Para darle ese cierto brillo a la nieve, si con el medium utilizado no nos parece suficiente, podemos recurrir a dar ciertos retoques con barniz cerámico incoloro, aunque debemos ser precabidos y no excedernos. La nieve sucia se simula trabajando muy sutilmente con pasteles no grasos o pigmentos de colores adecuados, debiendo tener mucho cuidado también de no excedernos. Para el barro y el fango podemos recurrir a una mezcla heterogénea de escayola, arena, marmolina y pigmentos aglutinados con barniz brillante o mejor aún con el propio medium antes mencionado.

Trabajar con todos estos productos, así como con otros similares que sean de nuestras preferencias, implica familiarizarnos con las propiedades que posee cada uno de ellos, de modo que podamos explotar al máximo las posibilidades que nos ofrecen. Y la combinación de todos ellos y su distribución, a su vez, en la escena determinará el que representemos una gran variedad de efectos, texturas y apariencias, más o menos sutiles, que en conjunto aportarán ese grado de realismo que constituye una de las metas que buscamos. Lo que sí es cierto es que del resultado que obtengamos con dichos efectos dependerá muy mucho el acabado final de la obra, ya que para un diorama como el que venimos desgranando resulta fundamental que estos elementos convenzan al espectador.

Además de las figuras que están aprovisionando de munición al Hummel, los otros dos pequeños grupos resultan transmitir la sensación de relajamiento, de estar tomando un momento de descanso y distracción para charlar y compartir anécdotas del combate. Ese estado de relax está en consonancia con el propio título de la obra, aportando sentido a la idea global que se quiere transmitir. En esta línea, tanto la selección de las figuras como las transformaciones parciales a las que han sido sometidas se han realizado a conciencia, ya que las posturas son muy reveladoras y su localización en la escena muy significativa. El detalle de los fumadores (incluido el humo) evoca una naturalidad que acerca al espectador, que le despierta cierta curiosidad e incluso le invita casi a escuchar la conversación que está teniendo lugar.

Los elementos de ambientación situados en este sector son muy simples, basados en algunos amontonamientos de nieve "limpia" sin alterar que alternan con otra muy sucia, hielo y algo de fango. Algunas pequeñas plantas cubiertas de nieve y un camuflaje algo precario realizado con unas ramas en la parte frontal del Hummel, el cual ha sido reproducido a partir de otra fotografía de la época, dan por concluida la ambientación de esta zona. Por tanto, con ello damos por concluido el estudio y análisis realizado a este apasionante y sugerente diorama, el cual ha supuesto un gran esfuerzo que finalmente se ha visto enormemente recompensado.

lunes, 11 de marzo de 2013

Recobrando el aliento III

En esta tercera parte en la que estamos desmenuzando el diorama nos vamos a centrar en el área que está ocupada por el camino que discurre junto al hut soviético. La misión que tiene esta zona, a diferencia de las restantes, es la de transmitir dinamismo y actividad. Y ello lo conseguimos gracias a que alberga la mayor parte de las figuras que contiene el diorama. Las figuras aportan vida y si queremos que nuestros proyectos cuenten una historia y transmitan sensaciones debemos cuidar muy bien su selección y distribución en la escena.

Para romper, una vez más, las líneas de la base rectangular el camino se ha dispuesto en planta curva, de modo que nos facilite habilitar un borde de camino que va de menos a más y que nos dará el espacio suficiente para ubicar vehículos y figuras. Como el resto del suelo el camino se ha modelado con masilla Das Pronto, la cual a mi juicio constituye el mejor producto para trabajar el sustrato de cualquier ambientación. Es muy versátil y trabajada al agua y con cola blanca diluida permite configurar todo tipo de relieves, ajustándose muy bien en el caso de necesitar utilizar rellenos con los que crear volúmenes diferenciados. La adición de arenas de diferentes grosores y algunas piedrecillas ha servido para darle una textura idónea y bastante realista, teniendo que modelar los surcos dejados por las ruedas de los vehículos, soldados y las acumulaciones de barro y pequeños charcos que se trabajarán en una fase posterior.
 

Las huellas en el barro, la nieve sucia, el hielo y los charcos de deshielo con fango son elementos que en una escena de este tipo cobran una gran importancia. A priori puedieran parecer detalles no muy relevantes pero junto al resto de elementos tienen un efecto sinérgico que enriquece enormemente la composición ante un observador atento. Si no están se añora su existencia, falta algo, y si están puede que incluso pasen parcialmente desapercibidos. Todo depende del efecto que queramos comunicar. El reto de conseguir su buena reproducción a escala parte de la observación de la realidad (al natural, en fotos o ambas) y en depurar nuestra técnica conociendo bien cómo responden los materiales que utilizamos ante la posibilidad de querer representar diferentes efectos.

 












La presencia de variedad de figuras haciendo cosas diferentes, algunas de ellas cruzando el camino, las huellas de los vehículos y la disposición de éstos en la cuneta transmiten la fuerte sensación de dinamismo a la que me refería hace un momento. Está claro que estas unidades están de paso y la distribución espacial que ocupan en el momento de "la foto" hace entrar en juego la idea de provisionalidad, improvisación y sucesión de cambios efímeros en el devenir de nuestros personajes. La presencia de la cocina de campaña refuerza aún más esa sensación de precariedad, penuria y desarraigo, recordando que lo que mueve el rodillo bélico son personas, seres humanos que sienten y padecen. El pequeño tractor kettenkrad, vieja referencia de Tamiya, que viene a recoger el rancho para luego distribuirlo por la tropa dispara nuestra imaginación sobre el paisaje que no vemos, ese que está más allá del diorama físico. El pastor alemán que juguetea (llevaba años en el cajón y no terminaba nunca de encontrarle un lugar relevante) refleja el lado más humano, la distracción y la nobleza. 
 
El viejo Krupp Protze, también de Tamiya, ha sido sometido a una intensa remodelación y detallado. Sin duda, la lona que porta, que incluye algún que otro parche como remiendo y con restos de nieve polvo, nos vienen a recordar nuevamente las ventiscas, la dureza de la meteorología y la necesidad de cobijo. Reproducir el desgaste del camuflaje invernal sobre el gris alemán original ha sido una tarea muy placentera, sobre todo cuando el resultado final es tan satisfactorio. 

Por último, la transición entre el camino, prácticamente carente de nieve, y las cunetas debe hacerse con cuidado y sentido común. El tratamiento dado a la zona donde están ubicados los vehículos y que sufre el trasiego de los soldados será diferente a por ejemplo el área que linda con el muro lateral de la ruina, la cual muestra nieve acumulada que no ha sufrido prácticamente ningún tipo de alteración. 





lunes, 3 de diciembre de 2012

Recobrando el aliento II

La introducción en una escena de elementos artificiales elaborados a scratch supone uno de los mayores retos para el modelista. Además de integrar los distintos elementos representados y ayudarnos a contar la historia que queremos contar, tiene el aliciente de que al final nos hará tener en nuestra vitrina una pieza única. Lejos del plástico, el metal y la resina, elementos habituales presentes tanto en vehículos de todo tipo (barcos, aviones, trenes, vehículos militares y civiles, etc.) como en figuras, las superficies artificiales engloban todas aquellas estructuras que vienen a cubrir una necesidad en nuestro proyecto y que contribuyen en gran medida a transmitir y reforzar el mensaje que queremos comunicar. En ocasiones pueden incluso alzarse como los verdaderos protagonistas de la escena, relegando por ejemplo a un vehículo a un segundo plano. Aunque el mercado de este tipo de elementos ha evolucionado mucho, difícilmente (o al menos en mi caso) encontraremos una pieza que se ajuste con precisión a la idea que tenemos. Por tanto, si queremos ser fieles a la historia y/o a nosotros mismos, el scratch nos abrirá un mundo de posibilidades prácticamente ilimitadas que nos hará explorar el manejo de nuevos materiales y técnicas a fin de lograr nuestro objetivo.



La ruina del hut soviético incluida en "Recobrando el aliento" ocupa la única zona del diorama que carece de figuras, aspecto éste que no le resta la cualidad de poseer una entidad propia. Constituye un pequeño desierto que se yergue en mitad del barullo y trasiego de soldados y máquinas. Es el mudo testimonio de la dureza y crueldad de la guerra que se mantiene escuálidamente aún en pie para recordarnos la desolación asociada a cualquier tipo de conflicto bélico. Sin duda, el reflejo de la fragilidad de la población civil y lo expuesta que está a todo tipo de desgracias ante una situación de tal calibre.


Para la construcción de la ruina se han empleado materiales bastante económicos y accesibles. Los muros son de escayola, habiéndose empleado moldes de cartón rígido para definirlos en tamaño y grosor en el momento del fraguado. La razón de utilizar escayola es que es un material idóneo para posteriormente tallar con punzones la piedra y los cascotes. Se puede desbastar con facilidad con un buen juego de cuchillas y permite su modelado trabajando en distintos planos, por ejemplo para recrear el enfoscado exterior sobre la piedra interior del muro, y a la hora de hacer roturas e impactos es un material muy agradecido que facilita su reproducción fielmente. Tanto el suelo como el tejado son de madera de balsa, elaborando la estructura siguiendo un patrón original y utilizando diferentes grosores según sean vigas o traviesas. Las ramas tan caractarísitcas del exterior del tejado en estas construcciones son acículas de pino ya secas, recogidas en el campo. Tienen un espesor, textura y uniformidad adecuados, y aunque fueron algo difíciles de fijar mediante sucesivas capas, el resultado final cubiertos de nieve fue muy bueno.

En cuanto al interior se diseñaron dos habitáculos. Uno más amplio, a modo de salón, en el que se incluyeron distintos elementos decorativos, y otro más pequeño y residual que quedó justo en la equina del diorama. Entre ambos un tabique de separación con una puerta algo deteriorada elaborada con láminas de plástico y con el detalle de los cristales rotos en la mitad superior. En el salón destaca la chimenea de ladrillo, la cual fue tallada con punzón en dos bloques de escayola y cuyo extremo final por encima del tejado aparece parcialmente derruido. Además de la ventana se colocó una cortina medio caída para transmitir aún más la sensación de abandono. Una mesa volcada con algunas sillas, un cuadro tirado por el suelo y unos libros refuerzan la idea junto a las tablillas de madera rotas y hundidas en algunos puntos. El hueco en la pared que da hacia el camino crea una estética que enriquece la composición. La estancia más pequeña sólo posee un mueble fabricado con lámina de plástico y un espejo de pared roto. La viga caída desde el tejado en esta zona agudiza la sensación de dureza en los combates. En la periferia de la ruina se depositaron cascotes y restos de la construcción, la cual lleva así bastante tiempo dada la nieve acumulada.





Y como una de las ideas era transmitir que este hut llevaba ya tiempo en ruinas, la nieve caída y acumulada ya se encuentra en su interior. Además, las ventiscas han hecho que la nieve polvo se acumule en los rincones, sobre todo en la expuesta cara interior del tejado. Estos detalles dan información al observador de que el resto de la construcción, la que queda fuera del diorama ya no existe, de que se encuentra totalmente derruida y por tanto que la que aún queda en pie está expuesta a los vientos del norte.