jueves, 24 de octubre de 2013

De Cumpleaños con Albert

Hoy es el primer aniversario de este blog. Aunque me parezca increíble ya han pasado doce meses desde que se publicó la primera entrada. Echo la mirada atrás y lo inmediato que siento es que me habría gustado tener el tiempo suficiente para elaborar más contenidos. Por desgracia, y ya se dejó entrever en su presentación, el blog ha estado sometido a una continua lucha por abrirse camino, compitiendo por el tiempo que otros menesteres no querían cederle. Al final ha conseguido resistir e ir sacando a cuentagotas artículos que hasta la fecha no se han alejado ni un ápice de los planteamientos y concepción iniciales. Están los que son y así va a continuar siendo, espero que por mucho tiempo, lo cual es motivo de que hoy nos vayamos de fiesta. Y para celebrarlo voy a compartir una de esas historias que le dejan a uno boquiabierto, pensativo, a la que cada cual podrá ponerle los adjetivos que quiera, y para la que yo todavía ando jugando con las letras a ver si aparece una combinación que me satisfaga. La imaginación se dispara, las emociones se vuelven casi incontenibles y las preguntas surgen, brotan una tras otra para perseguir fantasmas del pasado como si de ellos pudiéramos obtener respuestas.

Todo comenzó hace unos pocos años cuando andaba buscando por una conocida web de compras y subastas un libro de Werner Haupt publicado en 1978 por la prestigiosa editorial alemana Podzun-Pallas-Verlag. El libro, titulado Moskau Rshew-Orel Minsk, Bildericht der Heeresgruppe Mitte 1941-1944, era una crónica en fotografías del Grupo de Ejércitos Centro alemán en el Frente del Este para ese período. Dado mi profundo interés por el material fotográfico de la época, la calidad del autor y la editorial, así como del escenario histórico, me dispuse a conseguir un ejemplar que estuviera en buen estado para incorporarlo al resto de referencias de mi modesta biblioteca. No es un libro que se pueda conseguir muy fácilmente y tardé un cierto tiempo en localizar uno de mi agrado. Sólo faltaba esperar a que el servicio postal hiciera bien su trabajo y en poco más de una semana llegaría finalmente a casa.

El ejemplar recibido respondía fielmente a la descripción realizada por la vendedora, ubicada en la ciudad de Dortmund, estando en muy buen estado. En cambio, este libro encerraba en su interior un secreto que en aquel momento no podía ni siquiera imaginar, ya que en el anuncio no se describía absolutamente nada de lo que me encontraba a punto de descubrir. Como suele ocurrir en estos casos, desenvolví el paquete con cuidado y seguidamente me dispuse a ojear detalladamente el libro de modo tranquilo. Uno siente una sensación especial al recorrer las páginas de un libro como este, y casi sin darse uno cuenta, embebido en los detalles, va llegando al final, quedándonos casi sin hojas para seguir disfrutando.

Y fue aquí precisamente, en las últimas páginas del libro, donde se produjo el descubrimiento. El paso de estas últimas hojas advirtieron un peso inusitado respecto a las páginas anteriores. Aquello era extraño ya que se trataba del mismo tipo de papel. Pronto advertí que en los huecos en blanco que dejaban los textos se encontraban pegadas hasta un total de 22 fotografías originales y por tanto superpuestas. Además, debajo de cada foto alguien había elaborado unos textos escritos en alemán con máquina de escribir que venían a aportar algo de información sobre cada foto. Aquello era inusitado y sorprendente. ¿Quién se había molestado en hacer aquel trabajo? ¿De quién eran aquellas fotos? ¿De quién había sido aquel libro antes de que llegara a mis manos?

Las hipótesis empezaron a brotar en mi cabeza intentando arrojar un poco de luz sobre aquel misterio. Quizás un familiar del autor, o el propio autor de las fotos se había tomado el trabajo de componer aquel álbum superpuesto. ¿Quién sería capaz de deshacerse de fotos propias o de uno de sus familiares de una manera tan insensible? ¿Habrían pasado dichas fotos inadvertidas para los que vendieron el libro o lo  vendieron a sabiendas de lo que había dentro? De ser cierto este último caso no parece que le dieran mucho valor a esas fotografías. En fin, que todo aquello era muy extraño y las lagunas de información no permitían reconstruir lo ocurrido, o al menos en parte. Sin embargo, la única pieza que tenía de aquel puzzle era el propio libro, por lo que si podía descubrir algo más era lo único que tenía a mi alcance. Por tanto, procedí a hacer un análisis exhaustivo a fin de encontrar alguna que otra prueba, indicio o evidencia.

Obviamente lo primero que hice fue estudiar detenidamente todas y cada una de las 22 fotos. Al margen de las fotos en sí mismas me centré en los pies de foto. Los detalles de localización y precisión recogidos revelaban que aquello lo había escrito una persona que realmente había estado allí. Incluso, con toda probabilidad, el propio autor de las fotografías. De todas ellas me llamó especialmente la atención la primera de la serie. Es una foto en la que aparece un único individuo, es la primera de todas, lo que suena a presentación, y es la única que bajo la cual reza un nombre: Alb. Dückert. Aquello era una pista seria y el "Alb." se me ocurría que podía ser Albert, aunque no era seguro. El resto de los pies de foto eran más generales y sobre todo incidían sobre lo que se hacía o había en las imágenes, así como a los lugares donde se habían tomado (Francia, Polonia y Rusia). En este sentido había un paralelismo claro entre la crónica del libro y la del álbum misterioso. 

Cuando ya veía que no podía obtener más pistas de las fotos pasé a examinar el resto del libro. Y aquí me tropecé con otras dos grandes sorpresas. La primera de ellas fue encontrarme el nombre de Albert Dückert escrito de puño y letra con tinta azul en la parte superior correspondiente a la página del índice del libro. Dios mío, aquello demostraba quién era el propietario original del libro y tenía su imagen en la primera foto del álbum. Las sospechas eran ciertas. Aquel era Albert vestido de uniforme, entre mis manos tenía su libro y dentro de él su álbum de fotos personal. Una inscripción con la misma tinta azul recogida en la primera página que reza "1978" demostraba que adquirió el libro el mismo año de su publicación, procediendo seguramente a personalizarlo con su propia historia ese mismo año. ¡Increíble ! Pero todavía quedaba la segunda sorpresa. Pegado a la página del índice de tal forma que le hacía quedar anterior a él encontré un folio mecanografiado perfectamente pegado como una página más. Se trataba de un documento que al ser ligeramente menor en dimensiones a la página del libro había pasado inadvertido. ¿Cómo era posible? ¡Esto no pertenece al libro! ¡Es un añadido! Aquel escrito estaba firmado por A. Dückert, por si quedaba alguna duda, y venía a representar un prefacio personal a lo que se cuenta en el libro. De la traducción de este escrito se deduce que el autor quiso hacer algunas puntualizaciones que consideró importantes y que al parecer no tienen el suficiente reflejo en el libro. Deja el testimonio de que perteneció a la 263 división de infantería, que reconoce los lugares que se describen y que recuerda el barrizal en el que se convirtió Rusia en el otoño de 1941, concretamente en septiembre (la conocida rasputitsa), en donde era imposible distinguir ninguna línea del frente.
También menciona la retirada que se llevó a cabo en diciembre de ese mismo año y las pésimas condiciones en las que se realizó, siendo acosados frecuentemente por tropas siberianas. Mención especial hace del papel que desempeñaron los caballos, los cuales les advertían de la proximidad del enemigo, les daban calor cuando los motores de sus vehículos no funcionaban ante el frío extremo y que salvaron muchas vidas en unas condiciones verdaderamente lamentables. Concluye destacando que los servicios prestados por estos animales no han sido suficientemente reconocidos, teniendo un pensamiento final tanto para los hombres como para los caballos en este prefacio que hace a la introducción del libro. 

Con todo ello quedaba desvelado en gran parte el misterio que rodeaba a este ejemplar único, si bien la información descubierta multiplicaba casi exponencialmente el número de nuevas cuestiones a resolver. Pero esa es otra historia, la cual no se si algún día llegaré a descubrir. Lo cierto es que Albert Dückert dejó su huella en este ejemplar para contarnos como testigo presencial algunas de sus impresiones, al menos las que le parecieron más importantes, lo cual le da un valor testimonial e histórico de primer orden. Por tanto, desde aquí y con motivo del primer aniversario del blog me gustaría mostrar mi agradecimiento a Albert Dückert, esté donde esté, por su aportación a la memoria histórica y por brindarnos la oportunidad, lejos de cualquier cuestión ideológica, de conocer un poquito más sobre el lado humano de los episodios ocurridos.